Ica es una región
vitivinícola por excelencia y los vinos que se producen en esta tierra
están considerados como los mejores del país. Con tales antecedentes
es lógico que sea la fiesta de la uva la que despierta mayor entusiasmo
y mayor alegría.
Desde su origen humilde y pueblerino, la fiesta de la vendimia se ha incorporado
ahora en el calendario turístico del Perú y hasta tiene nombre
de abolengo: hoy la llaman Festival Internacional de la Vendimia.
El Festival, que ya lleva más de 30 versiones, se realiza entre el 8 y el 18 de marzo, y su organización está encomendada al Concejo Provincial y al Club de Leones. Los fondos que se obtienen se dedican a obras benéficas.
El festival dura más de una semana y acuden hermosas muchachas de América y Europa, representando a sus respectivos paises. Suntuosos bailes se suceden noche a noche y en el día y la tarde se realizan actuaciones deportivas, folklóricas, culturales, etc. Todas las clases sociales tienen participación directa en el festival y mientras en el centro social se lleva a cabo el baile principal, en la plazuela Barranca se desarrolla el baile popular.
Naturalmente que la vendimia propiamente dicha el corte de los negros y dorados racimos de los parrales, es el número principal de la programación. En los almuerzos se toma abundante "cachína", piscos de rosa y collar y toda la gama de vinos. En las haciendas se sirven pachamancas, hay concursos de música criolla, pelea de gallos y cabalgatas en finos caballos de paso.
El número principal es el corso de la vendimia. Las bellas reinas desfilan en carros alegóricos y arrojan racimos de uva al público que aplaude a su paso. Las firmas comerciales, los colegios y la universidad también preparan vistosos carros que se suman al corso. Grupos de jóvenes organizan bulliciosas comparsas y toda la población vive un contagioso ambiente de verdadera fiesta. FI corso es el domingo y una vez que termina se desarrolla la tradicional "yunza".
Son también famosos en lea los bailes de verano de la campiña. En dos caseríos cercanos a la ciudad, Pongo Chico y Pariña Grande, se han construido enormes terrazas que reciben a centenares de parejas todos los sábados, de enero a marzo, en reuniones informales donde se baila al aire libre y se toman productos típicos de la campiña.
En el distrito de El Carmen, en la provincia de Chincha, vive todavía una de las más famosas colonias de negros en el Perú, descendientes de aquellos traídos desde el África para las faenas agrícolas en épocas pasadas. Han dado y dan al país famosos deportistas, instrumentos musicales, bailes, dichos, comidas y costumbres que se han entretejido en la trama del alma nacional.
Y toda aquella tierra
caliente de San José y San Regís resuma la vida de estos colosales
morenos, uncidos a la gleba por centurias, pero llenos de esa alegría-triste
del «moreno» costeño, como les agrada que se les llame.
Famosos «tocadores de cajón», de la quijada de burro
y la guitarra, sobreviven sobre la arena sedienta, porfiados y rugosos como
los huarangos, creyendo todavía en sus ancestrales fetiches, en sus
brujos taimados y solemnes, en sus «llamados», en «el
mal de ojo», en el tótem de la selva lejana.
Ahí están también los "hueseros" que, según opinión de la población, curan toda clase de roturas, torceduras y desperfectos.